La devoción a San José ha venido en constante crecimiento a lo largo de la historia de la Iglesia. Se ha ido difundiendo y arraigando en la tradición del pueblo católico de todo el orbe. La devoción a San José va íntimamente unida a la teología que sobre él se va desarrollando. La teología y la devoción se acompañan y se completan mutuamente: la teología prepara e introduce a la devoción, y la devoción a su vez impulsa a profundizar y a ampliar el estudio teológico.
Encontramos huellas de la reflexión teológica sobre San José desde los primeros siglos del cristianismo, tanto en los Padres orientales como en los occidentales.
La llegada del siglo XII traería una mayor profundización teológica con santos como Bernardo de Claraval, Tomás de Aquino y Buenaventura.
El primer surgimiento de la devoción a San José, se produce en sentido pleno entre los Siglos XII y XV, encontramos por esta época al Papa Sixto IV, quien incluyó la fiesta de San José en el Calendario Romano hacia el año 1479.
Sin embargo parece que es a partir de los Siglos XV y XVI, en la época de las reformas católicas, cuando se empiezan a producir trabajos enteramente dedicados a San José, así como a profundizar en las reflexiones en torno al Santo Custodio. En este tiempo también crece significativamente su devoción. Los siglos siguientes hasta nuestros días son los de mayor desarrollo y florecimiento, estando la devoción a San José en un continuo aumento. En esta época encontramos numerosas fundaciones religiosas, asociaciones y las pías uniones de laicos, las iglesias, las capillas, los libros científicos y populares, las recomendaciones de los santos que buscan promover y sostener la devoción a San José.
El 8 de diciembre de 1870 el Papa Pío IX proclama a San José como Patrono de la Iglesia Universal , luego de una gran campaña promovida para tal efecto por el pueblo católico desde mediados de ese siglo. Fijándose el 19 de marzo la fiesta de su Patrocinio.
El 15 de agosto de 1889 el Papa León XIII proclama la encíclica Quamquam Pluries, en la cual se desarrolla de manera articulada los motivos que fundamentan la proclamación de San José como Patrono de la Iglesia.
En 1950 el Papa Pío XII fijará el 1 de mayo como la fiesta de San José obrero, y encomienda a los obreros de todo el mundo al patrocinio de San José. Posteriormente, el 19 de marzo de 1961, el Papa Juan XXIII lo proclama Patrono del Concilio Ecuménico Vaticano II.
Otro hito importante es la exhortación apostólica Redemptoris Custos del Papa Juan Pablo II promulgada el 15 de agosto de 1989, solemnidad de la Asunción de María, a los cien años de la Quamquam Pluries.
En América Latina es igualmente rica la historia de la devoción a San José. Hacia 1555 estaba tan extendida su devoción, que fue proclamado Patrón de la Nueva España. La devoción alcanza dimensiones continentales, tanto así que es en 1642 Nueva Francia (Canadá) se pone bajo la protección del Santo Custodio, y para 1679 se conocen unas letras apostólicas del Papa Inocencio XI que aluden a San José como Patrono de todos los dominios españoles.
La devoción a San José se muestra también en las manifestaciones artísticas del llamado arte colonial; lo mismo que en el hecho que numerosas poblaciones latinoamericanas lleven su nombre, rescatando dos importantes como son San José de Costa Rica y San José de California. Así como múltiples templos, abadías, universidades, colegios, etc.
El Congreso Constituyente de 1828 en el Perú proclama a San José como Patrono del Perú, confirmada por el Papa Pío XII en 1957 a petición de la Asamblea Episcopal de ese mismo año.
En esta breve revisión histórica de la devoción a San José vemos como ésta ha estado siempre presente en la historia de la Iglesia , a la vez que vemos el crecimiento en la devoción al Santo Custodio, así como en la comprensión de su modélico lugar en el Plan de Dios. Este crecimiento, en especial en los últimos siglos, viene marcando un signo de los tiempos que debe ser acogido por todos los cristianos.