Espiritualidad del Movimiento de Vida Cristiana

Espiritualidad del Movimiento de Vida Cristiana

" La Espiritualidad del MVC se expresa en el lema: "Por Cristo a María; por María más plenamente al Señor Jesús". En la Madre del Señor ve el modelo por excelencia de vida cristiana y de fidelidad al designio divino"

Estatutos del MVC

Dentro de la única espiritualidad de la Iglesia , el MVC descubre una impostación propia que brota como respuesta al impulso del Espíritu Santo, desde el aquí y ahora de su experiencia, en atenta mirada a los signos de los tiempos y sobre todo al destino del ser humano según el divino designio. La espiritualidad es la concreción de la fe en la vida, es vida en la historia. Por ello el MVC se descubre invitado a responder desde su carisma en la comunión de la Iglesia a los desafíos e interrogantes del ser humano de este tiempo. Se reconoce llamado a vivir y a anunciar el Evangelio desde un estilo propio, buscando responder a inquietudes y vacíos de un tiempo histórico dado, en fidelidad a la acción del Espíritu en ese propio tiempo. Se plasma así un modo de experimentar sin rupturas, armónicamente, lo universal del modelo y del mensaje cristiano en lo concreto, situado cultural e históricamente.

Algunas notas de la Espiritualidad del MVC

El fundamento de la vida cristiana: la fe

La espiritualidad del MVC se funda en la fe de la Iglesia. Con la conciencia de que no basta con acogerla y adherirse a ella, sus miembros aspiran a vivirla con intensidad y a perseverar en ella, impulsados en todo por la gracia de Dios que suscita la fe, «que se adelanta y nos ayuda, juntamente con el auxilio interior del Espíritu Santo». Los emevecistas tienen la convicción de que es necesario dejarla crecer, permitiendo obrar al Espíritu Santo, que la perfecciona constantemente, al tiempo que así fortalecidos cooperan poniendo los medios a su alcance para responder al designio divino. Conscientes de la propia fragilidad y del don del Altísimo repiten desde lo hondo del corazón de cada cual: «¡Creo, Señor, pero aumenta mi fe!».

La fe compromete a la persona entera, es por ello que la fe busca ser una respuesta integral a Dios que sale a nuestro encuentro. De allí que hablemos de una fe de mente, de corazón y de acción.

Espiritualidad trinitaria

La espiritualidad del MVC es eminentemente trinitaria. Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica , «Dios es único pero no solitario». Por la fe sabemos que Dios se ha revelado en el Señor Jesús como Comunión de Amor. «En la irrupción del Verbo Eterno en la historia humana, a través de la puerta de la Anunciación-Encarnación , tenemos el acontecimiento central de la manifestación del misterio de Dios Comunión de Amor que quiere reconciliar a los hombres consigo».

Espiritualidad cristocéntrica

Con los ojos de la fe los miembros del MVC acogen con reverencia y sobrecogimiento el acontecimiento central de la historia: la Encarnación del Verbo Eterno en el seno virginal de María Inmaculada para redención y reconciliación de la humanidad. La espiritualidad del MVC tiene como centro al Señor Jesús. En Él nos es revelada la verdad sobre Dios Padre. Y en Él se nos ofrecen las respuestas para los anhelos más profundos del ser humano, puesto que en Él se esclarece el misterio de su existencia. Como enseña la Gaudium et spes, «Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación». Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida , es el fundamento de nuestra existencia.

Espiritualidad mariana

La espiritualidad del MVC es también eminentemente mariana. Este rasgo encuentra su fundamento en el Testamento del Señor Jesús desde lo alto de la Cruz , cuando mirando a Santa María y a San Juan, «dice a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa». Es pues el mismo Cristo quien nos señala a su Madre. Y María nos muestra con su vida y amor a su Hijo Jesús, nos devuelve hacia Él, nos invita a actuar según lo que Él diga El Fundador del MVC ha sintetizado este dinamismo en la frase: «Por Cristo a María y por María más plenamente al Señor Jesús».

Espiritualidad de la vida cotidiana

En el mundo de hoy y en una situación que amenaza agravarse en el futuro, se descubre una profunda separación entre la fe y la vida cotidiana. El programa de la Nueva Evangelización empieza por la renovación de la propia vida de fe, poniendo los medios para que se viva una auténtica vida cristiana. Esta vinculación entre fe y vida se hace concreta en la vida cotidiana. Como ha afirmado el Fundador, «se trata de superar actitudes que oponen cotidianeidad a dominicalidad, vida diaria a culto, buscando, como dice San Pablo, transformar la existencia propia en culto agradable a Dios».

El don de la reconciliación

El MVC quiere comprometerse en la causa de la reconciliación. Ante las múltiples rupturas que afectan al mundo y que son contrarias al Plan de Dios quiere hacer un esfuerzo permanente por vivir y difundir el don de la reconciliación traída por el Señor Jesús. El MVC está convencido de que «la reconciliación no sólo es una aspiración, sino una aguda necesidad que se vive con dramáticas características en el mundo actual». Los signos de los tiempos indican claramente que estamos en la hora de la reconciliación. El MVC considera, por ello, que la reconciliación es un tema central de la Iglesia. Y cree además que, como ha enseñado el Papa Juan Pablo II, «es legítimo hacer converger las reflexiones acerca de todo el misterio de Cristo en torno a su misión de reconciliador».

Esta reconciliación lleva a sanar la ruptura fundamental que es la ruptura con Dios, pero también aquellas rupturas que la primera trae como consecuencia: la ruptura del hombre consigo mismo, con los demás y con todo lo creado.

©2001,2007 Movimiento de Vida Cristiana
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Notas
[1]Ver Rom 5,5.
[2]Ver 2Cor 5,19.
[3]S.S. Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, 18.
[4]Luis Fernando Figari, Horizontes de Nueva Evangelización, Lima 1994, 79.
[5]Ver Lumen gentium, 1; S.S. Juan Pablo II, Reconciliatio et paenitentia, 8; Sínodo extraordinario de los Obispos de 1985, Relación final, II,A,2, y II,C,1.
[6]Presbyterorum ordinis, 5.

 

 
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